Presentación

Fundadas por el P. Francisco de Paula y Vallet, los Cooperadores y Cooperatrices Parroquiales de Cristo Rey son dos institutos de derecho pontificio, dependientes de la Santa Sede.

Su carisma y espiritualidad son ignacianos. Nacidos de la experiencia espiritual de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola contenida en germen en las contemplaciones del Reino (de ahí el nombre de Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey) y de las Dos Banderas.

Cristo Rey es el centro de nuestra espiritualidad y el término de nuestras aspiraciones apostólicas. Consideramos a Cristo preferentemente bajo el aspecto del amor, simbolizado en su Corazón y por ello queremos ser enteramente del Corazón de Jesucristo Rey.

María ocupa un lugar privilegiado en nuestra espiritualidad con el título de su Corazón Inmaculado y como tal es la Patrona principal de la Congregación. Viviendo íntimamente unidos al Corazón de nuestra Madre, vibraremos más al unísono con el de Cristo.

Deseamos que el Corazón de Cristo reine en nosotros mismos y en toda la sociedad humana. Por eso hacemos nuestra la Verdad evangélica, la Verdad de la que Él vino a dar testimonio, y deseamos llevarla a los demás con el fin de que todos sean Uno (Jn 17,21), en Él y en su Iglesia.

Reino, Verdad, Unidad e Iglesia, constituyen tres facetas del ideal supremo de nuestro Instituto.

La oración, el discernimiento y la obediencia son los pilares en los que se apoya la espiritualidad CPCR, como la de S. Ignacio de Loyola.

Misión apostólica 

La misión concreta y específica de nuestro Cuerpo apostólico es evangelizar a los varones, en servicio de las parroquias. Para el logro de este objetivo apostólico, nos sentimos llamados al ministerio de la Palabra en cualquiera de sus múltiples formas y a la administración de los Sacramentos, pero dando la preferencia a los Ejercicios espirituales de S. Ignacio.

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