¿Te has preguntado alguna vez, qué es lo que deseas para tus hijos?

¿Te has preguntado alguna vez, qué es lo que deseas para tus hijos?. Seguramente que muchas veces…., ¿Verdad? ¿Y lo que más les conviene? ¿Y lo que es bueno para ellos?. ¿Cuántas veces has tenido que pactar con la realidad y ceder a sus caprichos para que te dejaran “tranquilo/a”?  San Ignacio nos da pistas para que puedas vivir la riqueza de la espiritualidad ignaciana en familia. Te señalo algunas.

1º “Quién es Dios para mí”. Mira primero cuál es tu fundamento : “curet primo Deum”. Si Dios es la certeza de la que habla el cardenal Newman —”mil dificultades no hacen un problema cuando existe una certeza”— es entonces la confianza, la actitud básica de la vida, de que todo lo creado es para el bien. No te angusties. Si tienes fe, todo es posible. Este es el gesto de confianza que todos necesitamos. La fe es primero creer y después ver. ¿Acaso tuviste que visualizar perfectamente lo que ahora tienes para comprometerte desde la confianza en un proyecto de familia con el que hoy es tu cónyuge?. Reconocerás que la realidad te ha sorprendido y después te ha superado. ¿Has conducido alguna vez de noche?. Seguro que muchas. Pues la vida en familia y la educación de los hijos es como conducir de noche, es decir, sólo ves hasta donde llegan las luces de los faros. Pero esa luz es suficiente para continuar. Dice la carta a los Hebreos que “la fe es la realización de lo que se espera y evidencia o prueba de lo que no se ve todavía” (Heb 11,1). Nuestra vida es una peregrinación . Y ésta es en la llanura, no donde hay grandes montañas ni valles espectaculares, sino donde se descubre el gozo sencillo de caminar poco a poco. Si mantenemos fija la mirada evitaremos convertirnos en zombis o en pollos sin cabeza, dedicados únicamente a moverse, pero sin tener rumbo y dirección.

2º Ser contemplativos en la acción. Si no tenemos familiaridad con Dios, difícilmente podremos llegar a tener una visión de la realidad donde reconozcamos a Dios en nuestra vida. El otro día, dando catequesis a un grupo de niños, uno de ellos tiró involuntariamente agua bendita y a continuación sin que yo le regañara, comenzó a llorar desconsoladamente porque había derramado al suelo algo muy valioso, algo sagrado… ¡Qué capacidad tienen los niños para ver a Dios en todas las cosas!. Esto es ser contemplativos en la acción. Si Dios está en todas partes , ¿cómo me las arreglo yo para estar siempre en otra?. A veces quisiéramos vivir como si Dios no se hubiera encarnado y pasar por encima de los tiempos, las circunstancias y las personas. Por esta razón es tan importante examinarnos y mirar retrospectivamente nuestra vida para saber reconocer a Dios en la cotidianeidad. Rebobinar la vida para mirarla más despacio. Cuando se trata de saber a qué le damos importancia en nuestra vida , nos conviene mirar a qué dedicamos nuestro tiempo y nuestro dinero. Esto es infalible. Pruébalo…, ya verás.

3º Vivir la familia como vocación. Siempre parece más verde el césped del vecino que el nuestro propio, dice un refrán. Pero esto no es del todo así. Ningún estado de vida garantiza completamente vivir una vocación más plenamente. La vocación es una llamada a ser lo que todavía no somos. En la familia la llamada es personal pero la respuesta a esa llamada se hace junto al cónyuge y con los miembros de una misma familia.

Todo en la vida va purificando nuestros deseos y en este sentido las circunstancias si las vivimos cristianamente nos ayudan a ir autentificando nuestra vocación. No podemos cansarnos de tener cada vez deseos mejores y desde ahí ir avanzando e ir viviendo nuestra vocación cada vez con más plenitud.

4º No ser impedimento. Lo nuestro en la familia es respuesta a través del servicio: “ en todo amar y servir”, como respuesta a lo que Él está haciendo en nuestra familia y en el mundo. Esto nos impulsa a estar en la misión sin apropiarnos de ella. Nunca es “nuestra misión” sino que todo en la vida cristiana es participación en la misión del Señor.

Yo he recibido mucho amor y a mi vez puedo transmitir en forma de nuevo amor, de servicio, de transformación y de cuidado ese amor que he recibido.Hay una reflexión de Gilbran que me gusta por ser muy iluminadora :

«Vuestros hijos no son vuestros hijos. Vienen a través de vosotros, pero no son vuestros.
Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Podéis abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, pues sus almas habitan en la mansión del mañana, que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no intentéis hacerlos como vosotros; la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Sois los arcos con los que vuestros niños , son lanzados cual flechas vivas.
El Arquero ve el blanco en el camino del infinito, y El, con su poder os tensará para que sus flechas puedan volar rápidas y lejos.
Que la tensión que os causa la mano del Arquero sea vuestro gozo; así como El ama la flecha que vuela, ama también el arco que permanece inmóvil».

5º Mirar a Dios para comprender el mundo y mirar al mundo para comprender a Dios.  Hoy sobre todo hemos de estar atentos a la realidad. Y la atención es una cuestión sobre todo de atracción. Hoy los padres han de ser personas no aletargadas sino profundamente atraídas interiormente. Dicen que lo contrario a estar distraído no es estar atentos sino atraídos. Y junto con la atracción necesitamos instrucción. Los padres tienen un ministerio “instruido”, es decir, que la preparación y la formación son muy necesarias para poder ayudar a los otros. No basta solo el cariño aun cuando sea fundamental y tampoco es suficiente la buena voluntad. Hoy es necesario albergar en el corazón un proyecto, una visión educativa ,saber qué quiero transmitir a mis hijos sobre la vida . No nos olvidemos de de las “asignaturas de la vida”.Hay proyectos que nos quitan libertad y hay otros que nos la dan. Hemos de obtener la libertad interior que San Ignacio llama “indiferencia” para ver las cosas como lo son, es decir, un regalo, un don, en vez de querer imponer lo que creemos que deberían de ser en función de nuestras propias ilusiones o miedos.

Enrique Martín Baena.  Cooperador Parroquial de Cristo Rey

No se admiten más comentarios