Familia, sé tú misma

Crónica de unos Ejercicios Espirituales para familias

Hay regalos que recuerdas todo tu vida. Y me da que este va a ser uno de ellos. El primer teclado eléctrico marca casio, el bolso que te regaló tu novio (con muy buen gusto), esa guitarra española en mitad de una peregrinación… y tus primeros ejercicios ignacianos EN FAMILIA. Y digo en familia, porque aunque los niños tenían “plan aparte” ha sido patente que todos los miembros de la familia estábamos unidos espiritualmente.

Los que hemos estado juntos este fin de semana ya me lo han oído decir, pero quiero también compartirlo con vosotros que no habéis participado físicamente en esta maravillosa experiencia. Cuando has crecido en un ambiente de parroquia, de movimiento eclesial, etc. y has participado en pascuas, convivencias, campamentos, peregrinaciones, retiros, ejercicios… el momento de casarte y tener hijos es un parón importante en tu vida espiritual que a mí, personalmente, después de unos cuantos años, aún me cuesta aceptar. Menos mal que el Señor lo tiene todo pensado y nos da la oportunidad de poder cimentar esa Iglesia doméstica de la que todos estamos llamados a participar, al formar una familia.

Yo siempre he vivido esto como una contradicción al ver que para poder construir unos cimientos sólidos de esta doméstica iglesia que tenemos entre manos, teníamos que “buscarnos la vida” individualmente: mi marido a lo suyo, y yo a lo mío. Y todo esto, sin poder quejarnos demasiado ya que debido a su segunda vocación Diaconal, podemos compartir muchos momentos y experiencias de fe juntos.

Pero… ¿y los niños? El de Arriba sabe bien cuánto miedo me da que vayan creciendo con la sensación de que sus padres son unos “frikis espirituales”.

Y llegó, cuando menos lo esperaba, el regalo de estos Ejercicios.

Una conversación con D.Fernando Simón, Delegado diocesano de la Pastoral Familiar en Madrid, otra conversación con nuestros queridos Cooperadores parroquiales de Cristo Rey y mucho empeño del Señor, hicieron posible que el sueño se hiciera realidad durante el fin de semana del 14 al 16 de octubre.

Unos Ejercicios dirigidos por el P.Hernán y acompañados también por el P.Rafael son un lujo para cualquiera que busque un tiempo de silencio y oración. Su buen hacer y saber nos han permitido disfrutar de una experiencia única e íntima con el Señor.

Eduardo y yo, como coordinadores de la Pastoral Familiar en nuestra Vicaría, tuvimos además, el privilegio de poder compartir también, en un marco de reflexión y oración, a qué está llamada la familia hoy y cómo el Espíritu Santo va haciendo obra en cualquier familia si le vamos dejando hueco.

El silencio nos acompañó durante todo el fin de semana y fue roto tan sólo en los momentos en los que la Liturgia nos invitaba a hablar. Proclamar los salmos en Laudes, celebrar la Eucaristía de la Cena del Señor el sábado o ese rato de Adoración ante el Señor por la noche, fueron momentos fuertes de unión con el resto de la Iglesia que nos recordaron en todo momento que la unión espiritual es un tesoro.

Los chicos por su parte, no parece que lo pasaran del todo mal, a tenor de los gritos de emoción que el domingo antes ya de la Eucaristía de Acción de Gracias, profirieron al vernos (y sólo habían pasado un día y medio separados de nosotros). ¡Era mucho lo que tenían que contarnos! La excursión a Peñalara, la experiencia de dormir fuera de casa en sacos de dormir (para muchos fue la primera vez), los niños y niñas que habían conocido, con los que se volvían a encontrar, sus momentos de oración y catequesis… sin duda alguna, Clara y Facundo, responsables de los niños, hicieron una labor estupenda que ha hecho que ya nos estén preguntando cuándo volvemos a hacer Ejercicios.

Gracias a todos los que habéis hecho posible que esta experiencia se haya podido llevar adelante: el P.Hernán, el P.Rafael y toda la comunidad religiosa de cpcr.

Gracias a la Delegación diocesana de Familias y a su delegado, d.Fernando Simón, por iniciativas de este tipo que, todos esperamos, se repita y multiplique.

Gracias a los matrimonios que participasteis por vuestra disposición a que todo saliera “como Dios manda”

Gracias a Facundo y Clara, una y mil veces más, por ocuparse con tanto amor y tanta dulzura de nuestros pequeños “locos bajitos”.

Gracias a todos los que unisteis desde vuestra oración.

Y gracias al Espiritu del Señor que sigue soplando por donde quiere y como quiere y nos grita: FAMILIA SÉ TÚ MISMA.

 

 

Laura Fradejas

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