Ante los últimos avances en reproducción asistida

Me he visto sorprendido el otro día, ante la noticia que saltó a la prensa recientemente de que nacía la primera prole sana concebida con espermatozoides de laboratorio.

Pero al mismo tiempo he dado gracias a Dios por la magnífica carta pastoral que acaba de escribir Monseñor Reig Plá, obispo de la diócesis de Alcalá de Henares, a propósito de los últimos resultados que está arrojando el mundo de la biotécnica y que llegan con aires “mesiánicos”, es decir, te prometen “la parte” pero te quitan el “todo”. Se trata de un paso más hacia la creación de bebés de diseño.

La vida de este modo se pervierte en su sentido más profundo y genuino: ya no es fruto de una relación , sino de una intervención de la técnica sobre la naturaleza manipulada y desprovista de sentido.

En todos se nos ha despertado alguna vez el deseo de conocer nuestros orígenes, quiénes eran los abuelos, las costumbres y los hábitos cuyos reflejos incluso se constatan en la carga genética que todos llevamos. Qué triste sería si mirando retrospectivamente a nuestros orígenes, lo único que viéramos fuese que somos fruto de un cultivo muy especial de laboratorio en el que una célula madre embrionaria se ha transformado en 14 días en una espermátida (célula precursora del espermatozoide). Y que los ingredientes de este «caldo» de cultivo hubieran sido hormonas sexuales llamadas FSH, testosterona y extracto de pituitaria bovina!!!, un cóctel perfecto para haber recreado en el laboratorio las condiciones de las gónadas. De ahí a la fecundación «in vitro» de rutina donde se hubiese inyectado esta célula directamente en un óvulo para obtener un embrión , es decir “yo” y que hubiera sido implantado en mi madre.

¿Una explicación así nos dejaría tranquilos?. ¿Me emocionaría si alguien me la estuviese contando con todo lujo de detalles?. Y todo eso sin contar con la cantidad de embriones que se hubieran quedado por el camino en una carrera de supervivencia.

Si tú comparas la belleza del Principio y Fundamento de los ejercicios espirituales de San Ignacio: “el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a nuestro Señor”, con la finalidad que persigue generar espermatozoides en un proceso que íntegramente se realiza «in vitro», sin interferencias, que no es otro, que el de tratar de superar la infertilidad, te darías cuenta de lo poco que importa la vida en este último caso.

No se trata de abrir al ser humano a una relación que te potencia y te ennoblece: alabar, hacer reverencia y servir a Dios…, para obtener finalmente la salvación del alma, sino la de satisfacer un deseo de quien no entiende de que la vida es un don inmanipulable e inviolable.

 

Al final se intenta «dominar la naturaleza en el laboratorio». Pregúntate porqué no se invierte el mismo esfuerzo en tratar de estudiar las causas de la infertilidad que en revertirla con estos atajos que nos meten cada vez más en los barrizales del egoísmo y la presunción.

No te dejes manipular ni siquiera por aquellos que te podrían curar de tu “infertilidad”a costa de dejarte “vacío” de sentido y altamente “cosificado”.

P. Enrique cpcr

 

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