Testimonio Ejercicios Espirituales para mujeres

P1020037Ofrecemos algunos testimonios de los Ejercicios Espirituales para mujeres, dirigidos por el P. Enrique cpcr. Ofrecemos algunos testimonios a comienzos de este mes. 

«Si me preguntas por qué, te respondería: “¡¡anímate y descúbrelo por ti mismo!!”. Esta frase debería ser la que cerrara esta crónica, pero he querido comenzar con ella porque responde al sentimiento  de todas las mujeres que hemos compartido un fin se semana diferente.

La convocatoria para asistir a estos Ejercicios Espirituales para mujeres, dirigidos por el P. Enrique Martín Baena, nos ha reunido a un grupo de 18 con un gran abanico de edades y condiciones. El alma del grupo ha sido “Mamina” quien, a pesar de sus 90 años de edad y dificultades de movilidad, ha permanecido firme junto a nosotras.

Cuando te llega una convocatoria así lo primero que piensas es que tu fin de semana es para hacer esas cosas que diariamente no puedes por tu trabajo, o para estar con tu familia o amigos, o simplemente para descansar. También puede pasar por tu cabeza que tú no necesitas hacer unos ejercicios, que ya cumples tus obligaciones cristianas o simplemente que no te apetecen o que te da pereza. Te planteas muchos contras para justificar no hacerlos.

Sin embargo, estas son razones vanas que no debemos dejar que nos invadan. La realidad es muy diferente. La formación espiritual no tiene límite y es indispensable para nuestro desarrollo en la vida personal, familiar, laboral y social a lo largo de toda nuestra vida.

No voy a hablar del contenido de los ejercicios (eso lo dejo para que lo descubran por sí mismos todos aquellos, hombres y mujeres, que se animen a hacerlos en el futuro), pero si lo voy a hacer de lo que han significado para mí.

He de confesar que nunca antes había hecho ejercicios espirituales ignacianos y no sabía lo que me iba a encontrar. Decidí animarme a hacerlos precisamente para seguir formándome en ese sentido, algo siempre tan necesario y la verdad es que me he llevado una grata sorpresa.

Por un lado, el silencio y el recogimiento me han servido para estar más cerca del Señor, para entablar, gracias a los ratos de oración personal, un diálogo íntimo con Él, sin prisas, sin tiempo limitado, sin obstáculos. Por otro, el haber compartido el silencio (¡con la dificultad que supone tenernos calladas a 18 mujeres!), los momentos de oración en grupo, como el rezo del Rosario paseando todas por los jardines de la Casa y terminando frente a la Virgen, y, como no, la Eucaristía.

Finalmente, el contenido de los temas ha sido el determinante del enfoque del que tenemos que partir y que, personalmente, me ha abierto una importante vía de acción. He aprendido lo importante que es poner orden en nuestra vida espiritual. Esto se asemeja a mi habitación, casi siempre ordenada, pero un día voy con prisa y dejo una chaqueta en la silla, otro día un bolso, otro una blusa,… cuando entro y veo todo por encima, me digo a mí misma que lo tengo que recoger, pero voy con prisa y lo dejo para luego y así, durante varios días, hasta que, por fin, encuentro un rato y coloco cada cosa en su sitio. Mi vida de oración era así, unas veces ordenada y otras algo caótica, sin tiempo, o mejor dicho, sin dedicarle el tiempo y el momento necesario. En estos ejercicios he aprendido: cómo colocar cada “cosa” en su sitio, cómo encontrar ese momento adecuado y cómo dedicar el tiempo suficiente a cada una de ellas. Pero esto es sólo el principio, a partir de aquí necesitamos un “rodaje” y una” revisión periódica” (¡como los coches!) y solos no podemos, sino que necesitamos que nos guíen, que nos ayuden y nos orienten y, para eso, debemos ponernos en manos de un director espiritual.

Realmente este ha sido un fin de semana diferente, dedicado al Señor y en el que hemos aprendido a sentir y conocer su voluntad para hacer con ello un Proyecto de Vida, el de cada una de las que hemos compartido este encuentro.

Por eso recomiendo a todos que participen de una experiencia como esta, vale la pena reorganizar tu vida interior, sentir más profundamente al Señor y seguir de forma correcta el camino que ha elegido para tí. ¿Quieres saber más? ¡¡Anímate y descúbrelo por ti mismo!!»

• Isabel.


«Todo comenzó con una charla con amigas, pensando que sería buena idea, y gran ayuda espiritual, realizar un retiro de ejercicios espirituales. Todos lo necesitamos. Manos a la obra, se pusieron en contacto con el P. Enrique, y nos pudo brindar un retiro a nosotras y ocho mujeres más.

Necesitaba realizar ese retiro. Sí, retirarme unos días en silencio para poder escuchar a Dios, compartirle mis flaquezas y angustias pidiéndole que sepa convertirlas en fortalezas y alegrías.

El P. Enrique dio varias charlas que nos permitieron meditar sobre nuestros sentimientos, reflexionar sobre ciertos momentos en los que fallamos. A Dios lo podemos encontrar en la oración, en el silencio, en la eucaristía y en el servicio al otro sin importar sus creencias ni vivencias. Ser sencillos y humildes de corazón. El retiro finalizó con una misa compartida con familiares, y en donde cada una participó en ciertos momentos de la misma.

Qué lindo es sentirse parte de una gran comunidad. La misma que te acoge con calidez humana y amor fraterno, con ejemplos de  servicio y sencillez verdaderamente. Me fui muy feliz de poder vivir mi segundo retiro de ejercicios espirituales y pidéndole a Dios sabiduría para ser cada día un poco más humilde de corazón»

• Rita.


 

Cartel ee mujeres mayo 2015

 

 

«Me cogió totalmente por sorpresa cuando me propusieron apuntarme a unos ejercicios espirituales. Hacía más de dos años que nos los hacía y ni se me había ocurrido pensar en ello. Dos días antes de que empezaran me apunté, y gracias la verdad a que me animó el P.Enrique. Llegué con la esperanza de que me ayudaran en un momento de vida en que realmente lo necesitaba.

Creía que estaba mucho más cerca de Dios de lo que estaba. Buscaba un tiempo de silencio, parar unos días en mi vida y anhelaba sin saberlo encontrar una guía en mi camino y acercarme más a Dios. Para mí ha sido una gran sorpresa lo que he encontrado. Un “inicio” de nuevo en mi caminar hacia Dios y no son el final de algo, de una experiencia, sino una gran ayuda para ir adelante y en mi caso casi diría, en muchos aspectos, para comenzar de nuevo. Me llevo mucho trabajo por delante, pero también mucha esperanza y una alegría que había perdido sin darme cuenta.

Recomiendo de corazón que los hagáis, y agradezco profundamente al P.Enrique su guía, disposición y ánimo con cada una de nosotras, para mí impagable. Cada uno encontrará algo diferente, supongo, pero aseguro que no saldréis si estáis dispuestas, como habéis entrado»

• Blanca.


«No es la primera vez que hago Ejercicios Espirituales ignacianos en la Casa de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey en Pozuelo, pero siempre que hago una tanda de ejercicios tengo la sensación de que algo nuevo comienza o, mejor dicho, de que regreso a un lugar que siempre anhelo. Dios lo hace todo nuevo desde nuestro principio y fundamento, que no es otra cosa que el Amor, la Misericordia. Es algo que siempre está ahí, pero con la vida que llevamos, llena de prisas, de ruidos, y de “desorden” nos olvidamos, lo dejamos aparcado. Sin embargo, pese a nuestra “sordera y ceguera”, el Señor nos llama siempre. Acudí a esta tanda de ejercicios porque necesitaba tranquilidad, tiempo y silencio para reflexionar, para dejar atrás mis preocupaciones y sobre todo para rezar y encontrarme con Dios. Para ordenar mi corazón…y mi vida. He de reconocer que apenas dos días me parecían pocos para lograrlo, pero el tiempo de Dios es bien distinto al nuestro, y en un minuto, en una hora puede “quitarnos la venda de nuestros ojos”. Ya nos lo decía el P. Enrique, que dirigió los ejercicios, el Señor nos puede sorprender cuando menos lo esperamos. Está claro que Dios no defrauda.

Los ejercicios espirituales de estos días se centraron sobre todo en la Bienaventuranzas, especialmente, la primera: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Nunca he entendido muy bien estas palabras, pero gracias a los ejercicios espirituales, comprendí la importancia de la humildad, la importancia de poder despojarnos de nosotros mismos para agarrarnos a Dios. Los ejercicios espirituales ayudan mucho, con el silencio y la oración, a conseguir esa vuelta, aunque sea por unos momentos, a la sencillez, al corazón humilde, a ser como niños. A “vaciarnos” para llenarnos de Dios.

A través de las bienaventuranzas nos acercamos también a los perseguidos, “bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos”, y nuestra meditación se detuvo en los cristianos que en nuestros días sufren persecución y que son capaces de tatuarse la cruz en sus manos para no olvidar su fundamento, para no olvidar que el Señor está con ellos.

Reflexionando sobre todo esto justo antes de la Eucaristía del sábado, delante del altar, hubo momentos de verdadera desolación, me sentía indigna, me sentía como San Pedro, tras su negación a Cristo. Tantos cristianos perseguidos y yo ocultándome, negándole y negándome a mí misma. ¿Cómo podía ayudarles así?. Durante esa desolación sentía mucha sequía y que daba la espalda a Dios. Pero durante la misa, llego la consolación, ahí, con el salmo (donde se habla de Dios como fuente de aguas vivas), el Evangelio, la Eucaristía, que es el verdadero milagro, comprendí, otra vez, que Dios nos ama y que siempre perdona. Es difícil describir la alegría que sentí en un instante. Ahí es donde el Señor, en un segundo, me “recolocó”. Los tiempos de Dios son distintos a los nuestros y nosotros siempre intentando racionalizarlo, medirlo y controlarlo. Cuando eso es imposible.

En definitiva, puedo decir que los ejercicios espirituales son una fuente de alegría. Ya no hay lágrimas de desolación, hay lágrimas de consolación y de alegría, que son de Dios. Salí de la casa de Cristo Rey con una inmensa gratitud, principalmente hacia Dios, que siempre está y de nuevo lo hace todo nuevo (valga la redundancia), al P. Enrique, excelente guía en el camino, y en general a los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey, que mediante los Ejercicios Espirituales de San Ignacio hacen mucho, mucho bien. Como dice el Papa Francisco, son “verdaderos maestros de espíritu”.  Y yo rezo por ellos»

• Mar.

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