Decidir en libertad

El problema principal para tomar una decisión se encuentra en la manera de concebir y ejercer la libertad. Los medios de comunicación nos han hecho creer que la libertad consiste en elegir o hacer “lo que se me antoje”, es decir, ejercer mi voluntad sin imposiciones o ataduras, en especial si viene de alguna autoridad. Según esta concepción, los obstáculos que puede tener mi voluntad vienen de afuera, de personas, leyes o costumbres. Muchas veces el “ordenar la vida” se entiende como un atentado contra la libertad.

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La propuesta que tenemos delante es la construcción de una libertad a partir de la experiencia amorosa con el Creador. Una libertad movida por la pasión del enamorado capaz de poner en el centro del corazón el principio y fundamento de su existencia. Ubicar lo más importante en la vida genera una libertad ante todo lo creado que abre la posibilidad de decidir por lo que más conduce a la vida plena.

Una persona que tiene en el centro de su vida la carrera, la familia, la novia, el novio, el dinero, etc. no tendrá la libertad necesaria para elegir aquello que más le conduzca a la voluntad de Dios. Cada persona necesita elaborar su principio y fundamento para lograr ser indiferente ante las otras cosas y tomar decisiones con la libertad suficiente para optar por aquello que le acerque a su principio y fundamento. Así, la libertad consiste en ser libre de aquello que no me permite dar lo mejor de mí mismo.

Tomar una decisión implica construir condiciones y realizar un proceso de discernimiento que nos permitan tener esa libertad fundamental para una decisión cristiana. En próximos publicaciones iremos viendo los pasos a seguir.

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