Comunión y unidad

Por P. Enrique Martín cpcr

Querida Guía y Scout de Europa:

Hoy queremos reflexionar sobre un punto que para nosotros los Scouts es fundamental: la comunión.

Hay un criterio básico a seguir : para que haya unidad entre nosotros, se instaure la paz y vivamos la comunión, hemos de vivir en la Iglesia y en la Asociación como un instrumento de santificación desde la fe. Quien no se abre a la Iglesia como un misterio de fe, no puede ser testigo de comunión y factor de unidad.

La fe va siempre ligada a la comunión. Schuman, Adenauer y De Gasperi, fundadores de Europa, fueron hombres de comunión, porque lo eran de fe y lograron forjar un proyecto de unidad gracias a que se alimentaban de este inmenso don, como es creer en Jesucristo Rey de las naciones.

No cabe divorcio entre Cristo y la Iglesia . Se accede al misterio de la Iglesia, y yo diría se accede a la Asociación por su misma entraña: Jesucristo. Por eso, es tan importante una experiencia personal de Cristo vivo y resucitado sin ningún condicionamiento ideológico. Sólo la fe con la que respondemos a Cristo, nos lleva a una generosa disponibilidad para avanzar en la ruta desde la obediencia y el amor a la Iglesia.

Un segundo aspecto que me gustaría destacar es que para que haya unidad, junto a la fe hemos de sentir la Iglesia y con la Iglesia y sentir la Asociación como carne de mi carne. El sentir a la Iglesia y con la Iglesia prevalece siempre sobre mi modo de percibir las cosas, es decir, sobre lo que yo veo. Es el Espíritu Santo quien conduce siempre a la Iglesia y a la Asociación . Para eso es necesario vivir en una actitud humilde y no poner nunca por delante mi criterio particular de entender e interpretar los asuntos.

Si es el Espíritu Santo quien guía a la Iglesia, yo estaré guiado por el buen espíritu en tanto éste me conduzca a vivir plenamente la comunión eclesial. Por tanto solo quien vive desde la fe y en comunión puede dejarse guiar por el verdadero Espíritu de Jesús que guía a la Iglesia y también a nuestra Asociación.

Es por eso que nuestra actitud ha de ser la de alabar la vida de la Iglesia y de la asociación, sacramentos, devociones, ceremoniales, símbolos, liturgia…, sintiéndola y defendiéndola como cosa propia. Este debe de ser el criterio de sentido de pertenencia y no otro. Es por esta razón que se han de superar actitudes hipercríticas , partidismos o prejuicios ideológicos de cualquier tipo.

Empleando siempre una crítica constructiva, siempre evangelizando, evitando descalificaciones, comparaciones, entusiasmos inmaduros, culto a la persona que rompen la armonía y la unidad entre nosotros.

Alabar igualmente nuestras sanas tradiciones sin exageraciones unilaterales, a una con el magisterio de la Iglesia y ahondando cada día más en las cosas de la fe a través de una formación que no se limita únicamente a una progresión técnica, sino que va mucho más allá.

Tuve un profesor de historia que decía que cuando examinabas los movimientos heréticos de los primeros siglos, lo primero que veías no eran herejías sino cismas. La herejía es una perversión de la verdad revelada, pero el cisma es una desobediencia y una ruptura con la comunión que Dios ha querido instaurar entre nosotros. Es tanto como despreciar el inmenso regalo que Dios nos ha hecho, dándonos la comunión.

Y para justificar los actos de desobediencia formal que cristalizaban en los cismas, se hacía una lectura errónea de la verdad con el fin de justificar doctrinalmente las herejía. Primero el cisma y la ruptura con la comunión y después la herejía para dar al cisma una “apoyatura” doctrinal e ideológica.

Que nosotros queramos vivir siempre en comunión y amemos y sintamos profundamente a la Iglesia para poder amar , buscar e ir encontrando la verdad en nuestra vida que no es otra sino Jesucristo muerto y resucitado por ti y por mí.

Buena ruta!

 

No se admiten más comentarios