Pascua: Encuentro y Vida

Por P. Gregorio Rodríguez cpcr. 

¡Cristo ha resucitado! ¿Cómo decirlo? ¡Jesús está Vivo! Cuando la vida humana ha estallado, transformada en Vida Resucitada, como la de Jesús de Nazaret, todo ha cambiado para Él, para nosotros y para la historia. Con su Resurrección, la primavera de la Vida, con todo su vigor y belleza ha empezado. Dicho de otro modo: ahora en todos y en todo vive Jesús Resucitado. Él está Vivo, lo llena todo, todo lo impregna y lo envuelve. Y aún, todo y todos llevamos ya dentro de sí un germen imperecedero e irrefrenable de Novedad, de Vida: ¡Jesús Vivo! Persona viva, presente, ahora, aquí. La Vida del Resucitado es nuestra Vida. Nuestra vida es su misma Vida. ¡Hombre, amigo/a, hermano/a, canta y danza de gozo, no llores más! Pascua es tiempo de Encuentro con el Viviente. Por tanto, sea cual sea la situación personal en que cada uno se encuentre, Jesús Vivo está allí, disponible, amigo, y nos espera con los brazos abiertos para darnos el abrazo más entrañable, la caricia más amorosa y regalarnos una amistad verdadera y honda. Dos pasos hemos de dar; o mejor, dos cosas que vivir.

El Encuentro. Hacer nuestras las animosas palabras del Papa Francisco: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar o situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque ´nadie queda excluido de la alegría traída por el Señor´” (EG 3). ¿No veis? Jesús Vivo es cercanía y encuentro: está ahí, dentro de cada ser humano. Basta un “pequeño paso” para vivir un Encuentro nuevo con Él. Dejémonos sorprender por Él. Fiémonos de Él. Y sin miedo, atrevámonos a abrirle el corazón y decirle: “Jesús, me fío de Ti”. “Tú eres para mí, Jesús, y yo soy para ti”. Sentiremos su abrazo y nos daremos cuenta de que nuestras infidelidades son sanadas, nuestra vida es renovada y un tiempo nuevo y gozoso, regalado.

La Vida. Es el segundo “pequeño paso”, también con palabras del Papa Francisco: “No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada puede más que su vida que nos lanza hacia adelante! (EG 3). Atrevernos a vivir su Vida, significa atrevernos a vivir con Él y como Él. Al menos, quererlo. Si quiera, desearlo. Y todo se irá dando. Y el gozo no nos faltará. Está siempre con nosotros, pese a nuestras pobrezas. Vivir con Él, con Jesús Vivo, nos lanza más allá de nuestros cansancios, “muertes” y posibles desalientos. Podemos, -sí, sí, podemos-, fiarnos de Él, porque Él es la Vida. Y lo ha dejado dicho: “Yo soy la Vida”. Y más: “El que me come vivirá por mí”. Confiemos en Él. Desde ahí y con Él, sus caminos serán nuestros caminos: los otros, los necesitados, los que sufren, los quemados por la vida, los que nos necesitan. Dios y los otros. Y con alegría les daremos amor, cercanía, entrega y servicio.

Pascua es la hora del Encuentro, la hora de la Vida. Ya no podemos dudarlo: es posible vivir de otro modo: otro modo más humano y más cristiano. El modo de Cristo Resucitado, el Viviente en persona, en todo y en todos. En esta Pascua, dejemos que en nosotros se renueve la gratitud y la alegría; que brote la emoción y que por todos los poros de nuestro ser salgan la compasión y la ternura. No faltarán los días sombríos y fríos; pero tampoco, jamás, su compañía: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin”. Alegrémonos, su Presencia Viva nos acompaña calentándonos el corazón y haciéndole arder con su palabra, quemando miedos y cobardías. Consolándonos siempre. Y nosotros con Él consolando a los demás. Empecemos. No esperemos a mañana. ¡Feliz Pascua! ¡Aleluya!

 

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