Ejercicios Espirituales Filadelfia

Ejercicios espirituales de tres días, del 12 al 15 de febrero de 2015. Dirigidos por el P. Hernán y con la colaboración del P. Enrique. 

Como en años anteriores, el grupo de perseverancia “Filadelfia” convocó en Febrero unos Ejercicios abiertos para todos; por unas circunstancias la convocatoria no llegó como otros años y respondieron 7 personas. En la merienda de clausura se escucharon algunos testimonios:

  • 100_1852En el colegio yo me reía de las compañeras que iban a “hacer Ejercicios”. Esta vez di el paso y me en metí en esta experiencia. Estaba equivocada, han sido unos días intensos en los que he tenido tiempo para reflexionar sobre cosas importantes. Desde el principio una cuestión que nos puso el Director me llevó a cuestionarme: “¿Qué parte tiene en mi vida Cristo?”. Empiezo a comprender que debo ir respondiendo mejor a esta cuestión básica.
  • En estos días he aprendido el valor del silencio. Es muy bueno tener ratos de silencio porque puedes comunicarte con Dios y pensar en cosas importantes. Un propósito que saco es que no voy a hacer como hasta ahora, que en cuanto llegaba a casa lo primero que hacía era poner la televisión; y no para verla, que no me importa lo que salga, sino para tener un ruido en casa que me haga compañía. Creo que será mejor que sepa gozar del silencio, sin necesidad de modos tan artificiales.
  •  Reconozco que pierdo tiempo por seguir telenovelas, lo cual me hace acostarme tarde y me desbarata mis buenos horarios. Pero es que hay tantas ofertas, que me dejo arrastrar por ellas. Y no es que conozca bien lo que se puede hacer con el ordenador, pero he aprendido a bajar películas y estoy tan contenta. No soy como mis hijos, que cada vez me preguntan si conozco tal o cual programa y tengo que decirles que no.
  • Estuve repasando las formas de “administrar” tantas cosas como nos fue indicando el P. Hernán al invitarnos a un examen sincero de nuestra vida: en los diversos campos fui reconociendo éxitos y lagunas, pero noté muchas deficiencias en la forma de administrar mi tiempo en temas de espiritualidad. Creo que tengo que aplicarme a ello. Respondiendo a alguien que decía que había renunciado a aprender tantos programas de informática de los que hacían gala sus hijos le hice notar que una buena forma de “administrar” su tiempo es precisamente aprender uno o dos programas al año, porque eso activa la mente y es muy provechoso para la salud de los mayores.
  • La pregunta que se nos sugirió al principio y que a mí me ha dado muchas vueltas ha sido: “¿Quién soy yo?”. Me ha servido para mirarme a los ojos con paz; para repasar algunas de mis reacciones; para quitar importancia a las formas de pensar y de comunicarse de otras personas, etc. En ese “¿Quién soy yo?” me he vista querida por Dios, con necesidad de volverme hacia Él, etc.
  • Estoy convencido que para hacer algún bien a cuantos nos rodean hay que tener las cosas claras y hablar de manera convincente. Desde joven, Dios me ha dado capacidad para trabajar y hacer trabajar a mucha gente. Comprendo que, veces, he tenido que utilizar un lenguaje fuerte; pero es que para que tomen conciencia de sus capacidades y responsabilidades no se puede andar con paños calientes.
  • En nuestras convocatorias de cosas religiosas hay que tener mucho cuidado para que el mensaje llegue a todos. A veces confiamos sólo en los medios modernos, con lo que algunos pueden quedar marginados. Esas convocatorias hemos de considerarlas como un tesoro a comunicar y me duele cuando me entero tarde de algo que me hubiera gustado estar presente. En mi casa nos ha dolido que no nos lleguen a tiempo algunas invitaciones que hubiéramos respondido con mucho gusto.

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